Una búsqueda bien refinada probará que la Biblia es
digna de todo el derecho a ser considerada como un documento histórico
completamente confiable (aunque éste no es su objetivo principal – o sea, Dios
no la trajo a nosotros esperando que la humanidad tuviera un documento más a los estudios de Historia).
La Biblia, de hecho, es un compuesto de 66 libros
que fueron escritos a lo largo de un período de 1542 años. Estos
libros se dividen en dos secciones conocidas comúnmente como el Antiguo y el
Nuevo Testamentos. A
título de curiosidad, relativo a la segunda sección, se sabe que en la
actualidad hay más de 5.300 manuscritos griegos del Nuevo Testamento. Además
de ellos, hay más de 10.000 manuscritos de la Vulgata Latina y al menos 9.300 otras
versiones más antiguas, por un total de más de 24.000 ejemplares de diversas
partes del Nuevo Testamento. Otros
textos de la historia antigua tienen muchos menos ejemplares (Ilíada de Homero,
por ejemplo, y viniendo en segundo lugar, tiene sólo 643 manuscritos
actualmente).
Esta Navidad, quiero dar especial atención a
algunas profecías acerca de la persona que es la razón por la que celebramos la
fiesta: Jesucristo. Tales
profecías, históricamente comprobadas, se hicieron siglos antes de su
nacimiento y demostran que lo que Dios dice Él siempre cumple.
En Miqueas 5:2 (Antiguo Testamento), leemos: “Pero
tú, Belén Efrata, pequeña
para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en
Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.” Miqueas
informó la localidad del nacimiento de Jesús más de 700 años antes de que naciera, como en Mateo 2:1
(Nuevo Testamento) nos encontramos con que “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey
Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos (sólo un detalle: no se
nos dice que los magos eran tres, ni que eran reyes).
En Isaías 7:14 (VT), leemos: "Por tanto, el
Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen
concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. El mismo profeta
predijo que Jesús sufriría
malos tratos: “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban
la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6). Estas
profecías se realizaron alrededor de 800
años antes del nacimiento de Cristo. Y
vemos sus cumplimientos en Mateo 1:18 y Marcos 14:65 (NT) – “El nacimiento de
Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló
que había concebido del Espíritu Santo”; e “Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el
rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: ‘¡Profetiza!’ Y los aguaciles le
daban de bofetadas”.
Unos 1.000
años antes de Jesús, David profetizó que sería traicionado por un amigo
(Salmo 41:9), y en Marcos 14 nos enteramos de que era Judas Iscariote.
Profecías bíblicas llegan a ser tan exactas que
Zacarías dice: “Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata” (Zacarías
11:12) y en Mateo 26:15 leemos que Cristo fue vendido por exactamente 30 piezas
de plata.
El punto, mi amigo, es: que esta Navidad usted
reconozca la venida de Cristo a este mundo como el cumplimiento de una promesa
muy, muy antigua, pero cierta. Cientos
de personas creían que el mundo terminaría el viernes pasado sólo porque un puñado
de gente se puso a decirlo. ¿Por
qué no reconocer, ante tanta evidencia, que vale la pena guiar su vida por lo
que dice la Palabra de Dios? Jesús
prometió que un día vendrá por segunda vez (no mencionó cuando!). Esta
vez no vendrá como un bebé tierno, pero como el Rey que es, cuando todo el
mundo se postrará y lo confesará como Señor. ¿Por
qué no empezar a hacerlo ahora, por amor y gratitud por su venida a nosotros?
¡Una verdadera y feliz Navidad a usted!


